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25 Mar

La Nación.com
  • 25/03/2007

Un avión deportivo diseñado por alumnos

El petrel es un ave marina patagónica, una de las de mayor envergadura de las que sobrevuelan el Atlántico Sur, y que se caracteriza por su fortaleza ante las tormentas y porque es capaz de recorrer grandes distancias sin comer. Con esa imagen en mente, 35 alumnos de distintas carreras del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) diseñaron un avión deportivo liviano, el primero en su tipo en ser desarrollado completamente en la Argentina.

"El Petrel 912 I pertenece a una categoría relativamente nueva de aviones, llamada very light airplane (VLA), que se encuentran a mitad de camino entre los Cessna o Piper más pequeños y los ultralivianos.

"La idea es que el Petrel reemplace a los actuales aviones de instrucción básica, que son aviones que actualmente tienen cuarenta años de antigüedad, que tienen un consumo altísimo y poca autonomía de vuelo", explicó Cecilia Smoglie, directora del Departamento de Ingeniería Mecánica del ITBA. Una de las características distintivas de este biplaza es, justamente, su bajo consumo.

"Esto es posible en parte porque consume nafta super de auto, que es más barata que la nafta de aviación -apuntó Smoglie-. Una hora de vuelo del Petrel costará entre 29 y 30 dólares, contra los 90 a 100 dólares que cuesta una hora de vuelo de una avioneta."

Su menor consumo de combustible también se traduce en una mayor autonomía de vuelo: el Petrel es capaz de volar 800 kilómetros con un tanque de 68 litros, cuando un Piper PA-11, por ejemplo, posee una autonomía de 402 kilómetros. Otras de sus características son su amplia maniobrabilidad y su óptima visibilidad en todas las direcciones.

El desarrollo del avión fue posible gracias al auspicio de particulares, que para este fin conformaron la empresa Proyecto Petrel.

Parte de los recursos fueron destinados a la certificación por parte de la Dirección Nacional de Aeronavegabilidad (DNA). "El Petrel fue desarrollado según la norma CS-VLA, que adoptamos cuando estábamos en la mitad del proyecto, lo que nos obligó a readaptarlo para cumplir con sus requerimientos", explicó Smoglie.

Trabajo de equipo

El proyecto que culminará con el primer avión deportivo liviano diseñado en la Argentina comenzó con una sugerencia. "Estábamos festejando la concreción de un proyecto anterior, que fue del desarrollo de un vehículo todoterreno, cuando un profesor del instituto se me acercó y me dijo: «Ahora hay que hacer un avión»", recordó Smoglie.

Y eso fue lo que hicieron. "Basándonos en la experiencia anterior, elaboramos un plan de trabajo y le asignamos un tutor -contó Smoglie-. Convocamos entonces a los alumnos de todas las carreras y los agrupamos en cuatro grupos: uno para las estructuras del avión, otro para los comandos, el tercero para la parte de aerodinámica y el cuarto para costos y proveedores."

Roberto Bunge, hoy de 21 años, se enteró de la existencia del proyecto cuando estaba terminando de cursar el segundo año de la Carrera de Mecánica. "Leí en un boletín del instituto que estaba haciendo un avión y, a través de un compañero que estaba participando, tomé contacto con las personas a cargo del proyecto", contó este alumno, que actualmente cursa el quinto año de su carrera.

"Primero, participé del grupo encargado de diseñar los sistemas de control del avión, y al año siguiente, cuando se reestructuraron los grupos, pasé al grupo de diseño", agregó Roberto, que confesó que al entrar en el proyecto sabía poco y nada sobre aviones. "De todos modos, creo que lo que más aprendí fue a trabajar en equipo", aseguró.

El trabajo de los grupos de alumnos fue coordinado por Ignacio Garibaldi, profesor de las materias Estática y Resistencia de Materiales, Mecánica de Fluidos y Ensayos Industriales: "Como proyectista principal, mi tarea era ser el nexo entre el jefe del proyecto, que era el ingeniero aeronáutico Ernesto Acerbo, y los proyectistas asistentes, que fueron los alumnos -comentó-. Mi trabajo era traducir aquellos requerimientos que técnicamente fueran complicados en pautas simples de trabajo para los alumnos".

"Hay que destacar que el trabajo de los alumnos fue no sólo ad honórem, sino que se realizó fuera de las horas de estudio -dijo Smoglie-. Creo que el proyecto les dio a cambio una experiencia real de trabajo, ya que durante su desarrollo las aulas se convirtieron en una oficina de ingeniería."


Por
Sebastián A. Ríos.

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